Telegrama recibido

Hoy, Komunicación, esa diosa traviesa, ha traído a un hombrecillo bigotón en una motocicleta hasta mi casa y me ha entregado un hermoso tesoro: un telegrama.

Debo confesar que estos últimos días no han sido los mejores de mi vida y que me siento un poco aislada, en una especie de burbuja de inexistencia. Extraño a mis amigos, a todos los que no están ahora en la ciudad o que si están pero simplemente no conmigo. La verdad es que incluso extraño a mi madre y eso que ahora compartimos el mismo techo; es como si no pudiera comunicarme, como si viviera en una cápsula de grenetina.

Pero allí estaba este hermoso sobre blanco con un importante mensaje, de la persona que me puede dar los mejores mensajes en la vida: Samuel ha jugado conmigo y me ha enviado un bello telegrama en código. En unos minutos yo ya estaba haciendo mis conjeturas. Por casi dos horas, la realidad se me ha convertido en un pequeño papelito, unas cuántas letras, mi sensación de aislamiento se ha desvanecido, he vuelto a jugar. Toda yo me he dedicado a tratar de descifrar el código como si con ello se rompiera la terrible burbuja que me separa de mi alrededor. Finalmente he dejado de lado el texto un poco triste por no saber resolver el enigma, sí, muy diestra no soy.

Tengo pequeñas respuestas, puedo mirar un poco a través del cristal, pero ya es de noche y debo volver a casa, subirme al autobús y emprender el viaje, en esta hora en la cual la lejanía y la otredad se acentúan. Sea lo que sea, es un telegrama, que hoy en día es para mi como un anillo de diamantes, claro, sin los mineros explotados ni el contrabando, ni los bosques heridos. Cuando se tiene un telegrama entre las manos, uno se vuelve invulnerable, amado. Habré de descifrar las palabras.

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