De nómadas y trastes limpios
Septiembre 1, 2006 at 0:17 (Viajes)
Eduardo escribió un ensayo sobre la naturaleza nómada del ser humano y su aparentemente reciente sedentarismo. Me acuerdo de un libro sobre el Tawantinsuyo y cómo el viajero tenía un lugar importante en la sociedad, igual que los peregrinos de Canterbury o el infinito camino de Santiago. Sea lo que sea, el peregrino, el viajero son esas figuras resplandecientes que aceptamos con dulzura o con una clara hostilidad. ¿Qué representa el viajero para nosotros los anclados? ¿Porqué el hijo de tío Agapito considera que sólo se vive cuando se viaja? ¿Porqué me resulta fascinante despertar en mi cama y reconocer los detalles? ¿Porqué he adoptado a Emilia justo cuando planeaba iniciar lo caminos? ¿Por qué, a pesar de estar viajando, mi madre no puede sentirse libre? ¿Es acaso que son precisamente los puertos, el nicho familiar lo que nos da el impulso para gozar de los grandes viajes?
Otro libro, La cruzada de los niños (simpatiquísimo y muy barato editado por la UV) también habla del viaje, en el cual el destino y el mismo camino no significan sino lo que cada quién requiere. Cris llega hoy, termina el primer viaje trasatlántico, una ausencia breve y apresurada pero que me genera gran curiosidad. Cris ya quiere llegar a casa, apenas se ha ausentado un breve periodo y ya está lista para volver. El viaje lo digerirá poco a poco, cuando los trastes estén limpios y las sábanas frescas. Finalmente, para poder levar anclas, debemos reconocer un espacio propio, sea una habitación, un deseo o una idea.