Segunda jornada

Despierto temprano en la mañana, ignoro si a las siete o a las ocho. El sueño rondando todavía salgo a caminar con la madre de Karemi y Cabil (dálmata joven que va saludando a sus camaradas de especie con ladridos y dos que tres quejidos sumisos).

Una hora después llega el desayuno: ensalada de frutas (guayaba y mango en trocitos, granada y almendras fileteadas), nopales, pan con mermelada de fresa e higos, café.

Ya tengo un poco cuadrados los ojos de tanto mirar la pantalla corrigiendo las invitaciones para el domingo y espero que la mirada se amplíe con un viajecito sobre el mar. Hoy iremos en barco a dar una vuelta, bueno, si todos estamos listos a tiempo (cosa que temo poco probable). Después, tendremos una reunión para la intervención del domingo. E, idealmente, un ensayo antes de la pachanga. Del mundo, los Gritos (porque habrá muchos), por el momento, estoy lejos. Inicia el día.

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