Plañideras

Estamos de silencio otra vez. La ciudad, políticamente tambaleante, anormalmente concurrida, ha jugado a lluvia, sol y niebla en el mismo día.

Un séquito de ancianas ha dejado la habitación para dejar a los agonizantes llorar a solas.

En la oficina todos están temblando. Anuncian la venta de instrumentos musicales y celebran con pasteles la falta de conmemoraciones.

Se acaba el día, se acaba el día, se acaba el día.

Las calles se pierden en la bruma.

Sun Li y las palabras

La pequeña Sun Li llevaba varias lunas tratando de comprender ese río de luces que atravesaba el jardín durante la noche.

Tras escuchar a los abuelos había quedado más confundida, la pequeña Sun Li no podía creer que se tratase de un ejército de insectos.

“Si son lejanos e inalcanzables los llaman astros,si iluminan nuestro caminar al río cuando no hay luna son luciérnagas”, se quejó ante la noche.

La pequeña Sun Li, sintió que las palabras y las distancias era algo que jamás comprendería.

Regresar a las palabras

Después de perder mi primera bitácora y darme unos meses de silencio, he vuelto casi desesperada. En vano los cuadernos apilándose junto a la cama; hay algo de íntimo y perfecto en la publicación dentro de la blogósfera.

Debo sufrir cierto exhibicionismo además de la creciente hipocondria pues vuelvo a las palabras aunque los días ya no rindan y demasiado pronto se haga de noche.

Añorado lector, he vuelto.