Plañideras

Estamos de silencio otra vez. La ciudad, políticamente tambaleante, anormalmente concurrida, ha jugado a lluvia, sol y niebla en el mismo día.

Un séquito de ancianas ha dejado la habitación para dejar a los agonizantes llorar a solas.

En la oficina todos están temblando. Anuncian la venta de instrumentos musicales y celebran con pasteles la falta de conmemoraciones.

Se acaba el día, se acaba el día, se acaba el día.

Las calles se pierden en la bruma.

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