Gratitud

Hace un par de horas pedía al universo que algo sucediera, algo nuevo, fresco, especial. Lamentaba que mis días estuvieran sucediendo uno tras otro sin ningún provecho o extravagancia. Pide y se te dará: mi mamá estrena bitácora, y esta vez va en serio. Lo he leído too, río y me conmuevo. Se trata de su libre tren de pensamiento, una escritura fresca, nueva, especial, sin ataduras sintácticas, con confianza, como sólo una mujer sesentera puede relatar la vida. Me ha encantado. Agradezco.

Al fin los sesenta

Es una de esas noches

Es una de esas noches, precedidas por un atardecer dilatado y calmantes ruidos de urbanidad. No importa si tengo once años, nueve, diecisiete o veintiseis, estas noches llegan, voraces. Sé que esta vida la recordaré sólo por estas noches, estas tardes en las que el exterior se intensifica y reconozco mi lugar en el mundo.

Mérida se las lleva

Dos amigas se han ido a Mérida. Dos amigas trascendentes.

Me quedo aquí, con frío.

Ecuanimidad

Todo su cuerpo era una sonrisa.
Supo que moriría. Reconoció la hora exacta y precisa.
Cuando se tienen esas certezas el miedo desaparece.
Entonces atar nudos es un quehacer dulce.

Diez jarritos para llenar y una balsa

Balsas para navegar

Todos los días, poco a poco hay diez jarritos que llenar: nekkhamma, sila, viriya, khanti, sacca, adhitthana, pañña, upekkha, metta y dana.

Balsas para navegar, explorar, comprender.

Así sea.