Miedo a los hospitales

Cuando vamos a una clínica de salud nunca sabemos cuánto tiempo estaremos allí, llegar a un hospital es asumir que el tiempo ya no nos pertenece, que necesitamos pastillas para tolerar el dolor y armazones metálicos para sostener nuestros paso. Entrar a un hospital es asumir nuestra fragilidad, nuestra falta de autosuficiencia.

Sí, creo que le tengo miedo a los hospitales. Tengo tanto miedo que he retrasado mi cura por una semana, poco tiempo comparado al que alguien que viva lejos o no tenga el dinero suficiente debe esperar para ser atendido. Yo tengo una tarjeta, un seguro médico que vence en diez días, y aún así, caprichosa, he evitado pasar el umbral del centro médico con tal de no enfrentarme a esa suspensión del tiempo y los espacios.

Es curioso como ir de visita a un hospital para dar ánimos o incluso pernoctar en uno para apoyar a un ser querido no me asusta, incluso me agrada. Sólo Eutanasia, mi clowna, acepta su miedo a ratos y se retrae en los pasillos, se queda un poco atrás, temiendo ser internada, abierta, inspeccionada.

Yo, aunque me duela, puedo abrir un baúl de pretextos para no ir, para no enfrentarme a las filas de otros heridos, mil veces más graves, mil veces más necesitados (sí, eso también es un pretexto). Me niego a comparar mi queja a la de los otros, a ser tocada por manos de látex y miopías inertes. Yo no tomo medicinas, yo no voy a hospitales, yo me curo solita, yo, yo,yo.

¡Qué enorme cantidad de soberbia, de arrogancia! Y sí, por eso el pie no sana y se hincha como de hobbit, aunque lo tenga en reposo, aunque me provea de mimos y cuidados. Me he torcido la pata para que acepte, con humildad, que no soy invencible y que no sólo yo decido a dónde voy. Aunque me enoje, debo asumir que el miedo tiene sus consecuencias y que hoy, en unos minutos, cuando llegue al hospital, me convierta en paciente, en enferma, estaré creciendo, perderé ceguera. Baños de humildad es lo que dan los hospitales, tanto que a veces nos hacemos chiquititos y desaparecemos.

5 comentarios

  1. Nadia said,

    Febrero 2, 2008 at 21:55

    “no sólo yo decido a dónde voy”. bueno, yo sigo terca con que sí decidimos, sólo que a veces debemos ir de otra manera o tener en cuenta más cosas para rectificar esas decisiones. pero finalmente decidimos ¿no? creo sin embargo, que a veces nos falta flexibilidad, saber que hay otros caminos para llegar ahí, o que hay sitios mejores que los que habíamos pensado. ¿no crees?

    Mándame el mail de Laura porfa, lo sigo esperando

    Beso

    Sana sana colita de rana, si no sana hoy, sanará mañana.

  2. Pa qué said,

    Febrero 6, 2008 at 13:20

    Hola, linda;

    Alguna vez platicamos de nuestro temor a los hospitales, que se manifiestan de tan distintas maneras. No sé si lo recuerdes: yo lo que no soporto es el olor, o la falta de olor… y de aire.

    Hablaré al rato a tu casa para saber cómo estás y dónde puedo visitarte.

    Un abrazote.

  3. Bana said,

    Febrero 13, 2008 at 21:12

    Pobrecita sol!! *abrazo abrazo*
    Yo no le tengo miedo a los hospitales, más bien..me desagrada estar en uno. Ehé.
    Recupérate pronto querida sol.

  4. Lore said,

    Febrero 18, 2008 at 20:56

    Un beso en es pie que ojalá esté mejor!

  5. julio said,

    Febrero 20, 2008 at 12:39

    Te olvidas de los problemas de la sanidad, los medicos no dan a basto, hay personal insuficiente y es culpa de las comunidades autonómicas que deciden lo que se hace en la sanidad pública.

    Buen blog.

Post a Comment