Ochenta y cuatro

Klaus Nomi y ahora esto, los ochenta son un misterio fascinante. Maravillosos clowns en los ochenta, dulces videos, enloquecedores peinados… Quisiera hacer un fiesta con temática ochentera, invitar a mi buen amigo Victorinox, dejar que el vestuario se libere, como en entrenamiento clown. Sí, quizá los ochenta nos preparaban para el hiperrealismo que le siguió. En 1984, yo tenía tres años de edad. Samuel aún no existía.

You need to a flashplayer enabled browser to view this YouTube video

La boda de unos gatitos

Me preparo para el viaje a la biblioteca lejana. Nos vamos el martes por unos días, el viaje me pone nerviosa, me encanta la idea de encontrarme con estrellas de noche y que los sonidos de camiones, altoparlantes anunciando pan, timbrazos, teléfonos y automóviles furiosos se transformen en guajolotes, gallinas y perros libres, viento, lechuzas y grillos.

Como los dolores de cabeza continúan sin interrupción desde el jueves, no puedo concentrarme demasiado. Sospecho que tengo amibas, es la última opción sensata. Tras cuarenta días de comer sólo alimentos crudos, alguna verdura o fruta que no lavé correctamente pudo ser portadora de un visitante parasitario. Cuando regrese a Xalapa me voy a desparasitar y en la próxima ronda crudívora seré más cuidadosa. Prometido.

Curiosamente, la falta de concentración, me trajo a mi bitácora, para descubrir que la última entrada fue en julio. El tiempo pasa y no lo siento. Estamos en octubre y no he visto una sóla luna. Leo una historia sobre una tortuga y la boda de unos gatitos. Samuel no encuentra la moraleja de la historia, yo no la entiendo del todo, pero aquí va:

La boda de unos gatitos

Una vez invitaron a una tortuga a la boda de unos gatitos. Como la tortuga es muy lenta para caminar, supo que tardaría un mes en llegar a la fiesta. Preparó su maleta para que el mero día tuviera ropa limpia que ponerse. Empezó su viaje un mes antes.

Cuando faltaban ocho días para la boda, llegó afuera de la casona donde se haría la celebración. Había unas escalera muy alta y supo que le tomaría ocho días subirlas. Subió los escalones con cuidado pero en el penúltimo escalón se resbaló y rodó hasta la base de las escaleras.

Entonces se dijo a sí misma: “Para subir otra vez me voy a tardar ocho días. La boda ya habrá pasado. Mejor me regresó a mi casa de una vez” Y así lo hizo.

(A veces así me siento con cierta investigación y cierta licenciatura. Pero bueno, boda, lo que se dice boda, no hay pa´ cuando, jajajajaja)

Anuncio: Se busca boda en Querétaro. Samuel y yo deseamos ir a la levítica ciudad pero, al parecer, sólo con invitación a una boda los planetas se acomodan para dejar que vayamos. ¿Quién se apunta? Una boda en octubre debe ser maravillosa.