El lado pesimista de la moneda

Acabo de leer un equívoco sin importancia. Samuel y yo escribíamos al mismo tiempo esta mañana. Él, mostrando nuevamente porqué me parece una persona maravillosa, escribe con claridad, con un optimismo que hoy me falta. Por mi parte, lo que escríbí esta mañana no lo pensaba publicar, era tan sólo uno de esos histéricos tecleos que me permito en el procesador, sólo para borrarlos y sentir que algo que no me gusta se va, se esfuma. Sin embargo, tras leer la escritura de Samuel dimensiono la riqueza de la oposición. Al estilo de esas novelas en las que el lector reúne las cartas de diversos personajes para seguir la historia, agrego a estas letras colectivas, el lado gris. Insisto en que todo lo escrito a continuación sale para desaparecer, hoy me parece gracioso mostrarlo, como en un acto de sinceridad extrema, aceptando que nefasta, nefasta, puedo ser cualquier mañana de sábado sólo porque no quiero salir de casa, jijijij:

Podría justificarme ante psiquiatras diciendo que soy hija única y que, por lo tanto, tengo poca tolerancia a la frustración. Pero hoy no deseo explicarme o justificarme.
Es muy desagradable, mirarme en la mañana y notar el cabello que se cae, la piel que se estira, los ojos nublados. Es incómodo verme y sentirme en un mismo lugar, inmóvil, con días y días pasando uno tras otro sin mucho propósito y sin grandes avances. Muy bien, entregué mi tesis y ahora sé que tardará bastante antes de que me titule. Sean las razones que sean, misoginia o mera burocracia, “me lo haya buscado” o sea completamente inocente, el punto es que sigo con las mismas opciones, el mismo despertar que cuando no había nada. Sí, soy impaciente pero ¿acaso no lo serías tú también? ¿Acaso no detestarías saber que pasan los años, minutos, lustros y sigues siendo dependiente, inestable y, lo que es peor, potencialmente más capaz?
Mi imaginación puede crear posibilidades, puedo resolver problemas en minutos e inventarme más en segundos. Por necesidad soy flexible y acepto el cambio de planes una y otra vez, intentando no enfurecerme, entristecerme, hartarme.¿Qué gracia tiene ir a gastar dinero que no es tuyo? ¿Esperar cosas que no llegan?

Sí, hoy desperté de mal humor, pero, al fin y al cabo, creo que es válido hacerlo tras una serie de derrotas a medias. Lo dijo muy bien Samuel: “Necesitas un triunfo personal”. Estoy de acuerdo, pero hoy toda posibilidad me parece lejana, nimia, inaccesible.

Misión cumplida

Este viernes entregué mi tesis. El martes se determinará quienes serán el prejurado… aunque el trámite es burocratizadísimo (como si fuéramos una facultad de cientos de estudiantes) sé que estoy cerca de la titulación.
Francamente, me deprime saber que no lograré mi objetivo de estar titulada este diciembre pero sé que al menos no será por mi culpa.
Mi sueño: Hacer mi examen profesional el 4 de diciembre 2008, día de santa Bárbara, pero como los lectores requieren treinta días hábiles para leer (como si no fueran a leer mi tesis en un par de horas), y las vacaciones se cruzan, mi fecha está por mediados de febrero.

En fin, un paso más, ahora sólo basta esperar.