Julio 8, 2008
(Climatológicas, Escribientes ellas)
“El viento, como un volar de flechas, traspasa las cortinas;
cae la lluvia fría oblicuamente y suena como el gong de los serenos.
Yerto el pecho, me tiendo en los cojines, mas no puedo dormir.
Me pesan como hierro las entrañas. Mis lágrimas resbalan incesantes.
El “siu.siu” de los bambués bajo la ventana es angustioso como el mismo otoño.
El tejado gotes sobre las flores, ¡oh interminable noche!
Sola en la oscuridad, desamparada en este frío crecient, abrumada me siento de infinita tristeza.
Y el corazón a punto de romperse en pedazos.
En mi cuerpo, delgado cual una caña de bambú,
mis entrañas son cuerdas que se retuercen y se anudan.
¡Cómo alejar de mí tales angustias!
La ventana se queja. Oigo en la noche el caer de la lluvia sobre los bambúes.
¡Y en cada una de sus hojas hay diez mil celemines de tristeza!”
Chao Su Cheng
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Junio 28, 2008
(Climatológicas, Cotidianas, Privada (de la razón))

Hace frío. Busco una imagen que me reconforte en esta noche de lluvia. Aquí está, la tomé hace unos meses. Me lleva lejos, a una mañana en la que esa suave masa se convertía en tortilla perfecta, caliente. Recuerdo el aroma de la leña y la extrañeza ante el pasado de aquél comal improvisado, adaptado a su nueva labor, manso. Si miro la fotografía con más cuidado, me hace pensar en el biodiesel, en extensiones de tierra agónicas bajo pesticidas. Y luego, sin más “vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo…” Es de noche, mejor descansar. ¿qué historia te propone la imagen? ¿se olvida el frío?¿crece el miedo?
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Enero 29, 2008
(Climatológicas, Vocativas)
Es una de esas noches, precedidas por un atardecer dilatado y calmantes ruidos de urbanidad. No importa si tengo once años, nueve, diecisiete o veintiseis, estas noches llegan, voraces. Sé que esta vida la recordaré sólo por estas noches, estas tardes en las que el exterior se intensifica y reconozco mi lugar en el mundo.
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Enero 22, 2008
(Climatológicas)
Dos amigas se han ido a Mérida. Dos amigas trascendentes.
Me quedo aquí, con frío.
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Diciembre 24, 2007
(Climatológicas, Emilia y su familia)
Salimos a caminar. Son las siete, es de noche y una fresca niebla cubre las calles. Los eléctricos adornos anuncian la fiesta navideña. Ella lleva prisa, busca algo que la bruma le oculta. Quiere ir al parque donde corre libre pero le confieso que podría ser peligroso pues en cuanto se alejara unos metros de mi se desvanecería entre la hierba. Comprende. Regresamos a casa cuando termina la hora y se vuelven las ocho, mi rostro frío y su nariz helada. ¿Qué piensa ahora la que me acompaña? Es tiempo de emprender mi camino, dejarla esperando hasta la mañana, con la radio y una luz encendida para que olvide los truenos de medianoche.
Veinte horas, ya un minuto.
Día veinticuatro en la ciudad,
automóviles presurosos,
traen de tanto correr los zapatos rotos.
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Octubre 23, 2007
(Climatológicas)
Cuando nos descubrimos vetustos, ridículos, fracasos, los ojos duelen y se secan y el aullido se clava en la boca del estómago. El viento a veces nos exige las huidas, se lleva espectaculares, techos marginales, niños. Esta noche hay un torbellino que no cesa, los ladridos me acechan, estoy sola.
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Junio 17, 2007
(Climatológicas)
Miro en la pantalla la imagen que una cámara web capta a miles de kilómetros de distancia. Una mujer madura, camina en su bañador blanquinegro por la vereda construida a la orilla de una piscina.
A lo lejos puedo ver el río y observo cómo el viento sacude a los árboles. Está mojada y parece que tiene frío. No lleva toalla así que el agua le escurre por los muslos regordetes, quizá esté arrepentida de haber elegido justo estos días de junio para haber tomado las vacaciones. Las múltiples piscinas del resort y el bufet en el desayuno le han ofrecido la tibieza y comodidad esperadas. Pero la naturaleza no ha tenido piedad, como tampoco la tenemos cuando talamos el árbol frente a nuestra casa para ampliar la cochera, indiferentes al nido o la madriguera.
La Tierra ha elegido el día de hoy para limpiar con viento frío la orilla del río San José. La mujer se dirige resignada hacia su habitación, acaso la tormenta que se avecina sólo sea una imagen reflejada, a lo romántico, de la tristeza que invade a esta mujer que miro en mi pantalla, sentada en mi escritorio, ignorando el generoso sol que se asoma por la ventana de mi habitación.
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Junio 11, 2007
(Climatológicas)
La lluvia está lavando la ropa, el cuerpo, las ciudades. En perfecto refugio, yo, en goce de mil privilegios, escucho mis palabras, escribo, reposo, río, beso y me alimento.
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Abril 17, 2007
(Climatológicas)
Estamos de silencio otra vez. La ciudad, políticamente tambaleante, anormalmente concurrida, ha jugado a lluvia, sol y niebla en el mismo día.
Un séquito de ancianas ha dejado la habitación para dejar a los agonizantes llorar a solas.
En la oficina todos están temblando. Anuncian la venta de instrumentos musicales y celebran con pasteles la falta de conmemoraciones.
Se acaba el día, se acaba el día, se acaba el día.
Las calles se pierden en la bruma.
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