Diciembre 24, 2007
(Climatológicas, Emilia y su familia)
Salimos a caminar. Son las siete, es de noche y una fresca niebla cubre las calles. Los eléctricos adornos anuncian la fiesta navideña. Ella lleva prisa, busca algo que la bruma le oculta. Quiere ir al parque donde corre libre pero le confieso que podría ser peligroso pues en cuanto se alejara unos metros de mi se desvanecería entre la hierba. Comprende. Regresamos a casa cuando termina la hora y se vuelven las ocho, mi rostro frío y su nariz helada. ¿Qué piensa ahora la que me acompaña? Es tiempo de emprender mi camino, dejarla esperando hasta la mañana, con la radio y una luz encendida para que olvide los truenos de medianoche.
Veinte horas, ya un minuto.
Día veinticuatro en la ciudad,
automóviles presurosos,
traen de tanto correr los zapatos rotos.
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Noviembre 25, 2007
(Emilia y su familia)
Se siente bien compartir un suceso que para otros podría ser trivial y que, por intrascendente quizá olvidaría si no escribiera estas palabras.
Dejé de escribir sobre Emilia porque algunos aseguraron que estaba obsesionada. Trato de no hablar de ella pero aquí está, mucho más independiente que el año pasado, presente, compañera. ¿Por qué no puedo escribir sobre esta compañera que muchas veces se vuelve eslabón con lo exterior?
Antes de sufrir de una especie de licantropía, elijo incluirla en mis palabras escritas, en este río de letras que van a no sé donde. Entonces puedo decir: Emilia se comió un calcetín el otro día y sobrevivió. Cuando está afuera de la casa, Emilia suspira en la puerta confiada en que la dejaré entrar. Un niño con su madre pasan frente a la casa casi todos los días, al salir del kínder, y ven a Emilia y la saludan, la costumbre se ha hecho tal que un martes, al no verla, tocaron el timbre. Nunca he visto ni al niño ni a su madre y creo que ellos tampoco, soy sólo la portera que ante su llamado permite que Emilia salga a su encuentro unos minutos. Le hablan y supongo que la acarician a través de la reja, me gusta que tenga esa clase de visitas, me quedo adentro sonriendo un poco. Emilia es brava con otros perros pero cuando vamos al parque su deseo de jugar con otros no tiene límites. Emilia no le ladra al jardinero ni a las personas que caminan alegres, ni a los testigos de Jehová ni a los mormones. Le ladra al periodiquero, a casi todos los niños, a casi todo el resto del mundo, a los borrachos y a un adolescente muy guapo que pasa en patineta. Cuando escucha una motocicleta sale feliz, demasiadas pizzas han llegado a mi casa. Emilia quiere mucho a Samuel y a Iván, cada vez que llegan salta como hebefrénica. Emilia sabe hacerme compañía y como todos los perros, cada día lo recibe con un optimismo perturbador.
Ya, ya está y podría seguir, pero creo que será suficiente para las críticas o las interpretaciones y, quizá cuando alguien googlee Emilia, surgirá la medusa,jijijiji.
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Agosto 17, 2006
(Emilia y su familia)
Este dulce ratonero andaba perdido en la orilla de una carretera, ahora necesita con quién vivir.
Aunque ya es adulto, él sabe adaptarse, sabe andar en coche, en brazos, en bolsa, yo lo llamaría perro de bolsillo, con la ventaja de que no es nervioso. Sabe cómo comportarse dentro de casa pero también goza de estar afuera y celebra cada día con saltos que superan su estatura cuatro veces. Gracias a su tamaño come poco y, por su edad, no anda de loquito por allí, es paciente y tiene un buen horario de sueño.
Hoy busca un hogar, necesita alguien que lo quiera abrazar… ¿conocen a alguien que lo quiera adoptar?
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