Mientras camino en Extranjia

Carezco de un teclado apropiado, no hay la hermosa egne ni el musical acento. Esto me mantuvo ausente, lejos de preciosas descripciones de nieve, lobos aullando, ardillas, zorrillos, bellos locales, camaraderia intercontinental, sabores nuevos, agua helada, agua tibia, agua divertida…
Sin embargo, solicito al amable lector me perdone los silencios y la trunca escritura. Me siento frente al teclado, en un hermoso dia, mientras mi primo socializa en una guarderia y mi tia se ejercita entre animosos ancianos.

Atravieso el parque, los gansos salvajes no estan, quiza han ido a darse un chapuzon en el lago cercano. Pienso en la historia de Shani, interesante mujer que conoci en Dhamma Torana. De donde ella viene, los padres elijen a los que seran los esposos de sus hijas. No es una cuestion arbitraria, hay una profunda investigacion de por medio. Los novios se conocen con un pie en el altar pero es ella la que puede rechazar al prospecto y pedir a sus padres que le busquen alguien mejor. Ella rechazo a muchos y al final obtuvo exactamente al hombre que queria. Sin conocerlo, sabia lo que buscaba. Ahora es feliz, muy libre y con 30 agnos de matrimonio. Ha cambiado de pais con su pareja. Dice que tuvo suerte y una fuerte determinacion. Y pienso, si (con acento), fuerte determinacion: eso nos asegura el exito cuando seguimos la reglas. Un perro y su acompagnante barbudo se cruzan en mi camino; Hellooo. Hay un claro cielo azul, el aire es fresco, las aves trinan celebrando el sol.

Silencio

Diez días de silencio, de horarios y soledad. Es tiempo de escucharme. Ya veremos qué sucede, que sea el silencio sagrado lo que me conduzca.

Privada de Corina número diez

Cuando voy a casa de mi abuela , respiro y camino la ciudad en la que nací. Mi propia vida, la que se lleva a cabo lejos de la sala fría o el antecomedor con la lámpara de vidrios multicolores, me parece irreal, frágil, ilógica. La casa de mi abuela se vuelve paradigma y las escaleras, las ventanas, el mantel; cada detalle de su estructura es el referente primigenio de mi vida. Qué perturbador es reconocer los gestos y las palabras, sentirme ajena y al mismo tiempo víctima de ineludible genealogía. Las enfermedades, las discusiones, las manías, todas se suceden una tras otra hasta que, cuando regreso a casa, no sé quien soy y sólo puedo adivinar que el tiempo pasa sin demasiado orden. He salido de esa casa oscura, fría pero perfecta en cada uno de sus contradicciones. Otro día, sola o acompañada, viva con quien viva, coma lo que coma, habré de volver a ella y todo detalle ajeno a su arquitectura será superfluo, como ha sido desde que tengo memoria. Le pertenezco, aunque me crea libre. Yo misma soy un mapa para recorrerla. Tras el portón de madera se han configurado mis filias y fobias. Cada visita, cualquier cambio, resultado de la renovación o el envejecimiento, son espejo de alguna modificación en mi propia historia, es mi retrato oculto, o mejor dicho, en ella puedo interpretar mi retrato: los botones de varias contando no se cuantas discusiones, el vestido de novia esperando en un armario destartalado, la cuna amarilla donde todos hemos dormido, los espejos tras las puertas cuyas manijas giran al revés, las etimologías encuadernadas, los tornillos oxidados anhelando el rescate, la alfombra percudida con geometría mágica, las planchas de hierro, la lámpara pesada que anuncia terremotos, los baños blancos, las cerraduras.

La casa de mi abuela es permanente, lo único permanente, la isla a la cual se regresará siempre, es la casa materna de la que hablan algunos flemáticos.

Viajero nocturno

Se acerca.
Un gigante que corre a noventa kilómetros por hora
lo trae en las costillas.
Es de noche y quizá llueva pero él escucha
no la lluvia sino las melodías uruguayas
o los cantos de un hombre peninsular.
La ciudad es isla, sobre las nubes. 
Poco a poco, las luces se despiertan,
millones de ventanas surcando el cielo.
Y a ras del suelo, los caminos,
las casas frágiles, los transeúntes.

Se acerca. 
Al despertar nos encontraremos,
él con la modorra de una cama improvisada,
yo con el anuncio cotidiano.
Mi amado viaja de noche,
cuando los árboles son sombras veloces,
la casa se habita de espera.

Un final cotidiano

La noche termina. El día cálido, repleto de sonrisas y danza llega a su fin. Me gusta quién soy, lo que hago.

Falta una semana para estar en casa y sé que los días se apresurarán.

El mar, cotidiano ya, protegerá mi sueño.

Puedo escuchar los grillos y el viento ha alejado temores, calma.

Mañana, al cruzar el umbral de la puerta, saldré de esta habitación para continuar la vida, así de simple.

Vértigo I

Es difícil recuperar la escritura. El sol, el mar azul a lo lejos, las cintas de colores y las ventanas me distraen. Llevo el vestido verde de bolitas blancas, este atuendo que me hace sentir en otro tiempo, inevitablemente fuera de lugar.

Leo “El placer es el único vértigo que deseo prolongar” citado por allí, en la Divina Comedia (la bitácora). Walter Serner fue el dueño de esas palabras y se me quedan de eco, de pulso. Pienso en el vértigo que siento antes de una intervención, del temblor antes de traspasar el umbral para convertirme en Eutanasia por unos minutos. Luego me viene a la mente estos momentos que preceden el movimiento con la voz muda.

Aquí son las cinco de la tarde y deambulo por la casa huésped esperando que el día se dilate o se apresure, que el ocio se quiera productivo.

Creo que he sabido habitar Clownsenada, pero aún no estoy segura de saberme aquí en Ensenada, aún el mar es sólo paisa

Para evitar los silencios

Escribo unos minutos. Muchas cosas han sucedido en estos días, el teatro horizontal que va naciendo.

Por ahora, me he dedicado a CLOWNSENADA , esta historia que transforma y es transformada: http://clownsenada.bitacoras.com

Segunda jornada

Despierto temprano en la mañana, ignoro si a las siete o a las ocho. El sueño rondando todavía salgo a caminar con la madre de Karemi y Cabil (dálmata joven que va saludando a sus camaradas de especie con ladridos y dos que tres quejidos sumisos).

Una hora después llega el desayuno: ensalada de frutas (guayaba y mango en trocitos, granada y almendras fileteadas), nopales, pan con mermelada de fresa e higos, café.

Ya tengo un poco cuadrados los ojos de tanto mirar la pantalla corrigiendo las invitaciones para el domingo y espero que la mirada se amplíe con un viajecito sobre el mar. Hoy iremos en barco a dar una vuelta, bueno, si todos estamos listos a tiempo (cosa que temo poco probable). Después, tendremos una reunión para la intervención del domingo. E, idealmente, un ensayo antes de la pachanga. Del mundo, los Gritos (porque habrá muchos), por el momento, estoy lejos. Inicia el día.

Ya estoy aquí

Ensenada: calles amplias, para ir en automóvil, el mar cerca, cerca, oscuro, mudo aún.

Ya estoy aquí, tan lejos.

Me voy

Y ya es tiempo, hace dos días que debería haber dejado Xalapa. Sin embargo, cada instante me parece màs difícil preparar la lejanía.
Me voy poco tiempo, es cierto, pero hay algo de mi partida que me
hace sentir entre fatalista y necia.

Por otro lado, siento que no he podido resolver las cosas del todo. Pero allá voy, llegaré pronto Ensenada, nos conoceremos y redescubriré el Pacífico, mi mar de infancia.